El amor y la cólera

Columna de Rodrigo Ordóñez: El amor y la cólera

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Leí “El amor en los tiempos del Cólera”, de Gabriel García Márquez, en un momento de decisión, de aceptar de muchas formas que lo que deseamos y lo que es, muchas veces difiere, entonces era, al final, una reflexión sobre apartarse del camino o esperar infinitamente a que el destino uniera dos almas que deambulaban por la ciudad, sin saber exactamente cuál sería la historia que vivirían.

La novela relata la historia entre Fermina Daza y Florentino Ariza, un amor puesto a prueba por un prolongado tiempo.

García Márquez con maestría narra cómo se conocen Fermina y Florentino, cómo se separan y se vuelven a unir.

Aquí vemos la construcción de los diálogos como una forma de rememorar ese pasado, que la novela presenta en episodios que poco a poco van dando forma y substancia a los protagonistas.

Al principio se nos presenta al matrimonio entre Juvenal Urbino y Fermina Daza, una pareja anciana y distinguida, que enfrentará la muerte del esposo.

Un giro inesperado y que muestra la noción de amor de Florentino, es su repentina aparición con un ramo de flores tras el final del funeral del esposo de Fermina, a quien le confiesa que lleva esperando medio siglo a que concluya ese matrimonio para expresarle que aún sigue enamorado de ella.

Ahí, le confiesa que ese tiempo estuvo pendiente de ella, declinando tener relaciones formales o casarse, porque sabía que debía estar preparado para el momento de estar juntos.

Después de que Fermina lo saca de su casa, García Márquez relata ese medio siglo de espera, primero con la juventud de los protagonistas, cómo se conocen y cómo él se enamora al instante, el cortejo y la profusa correspondencia que mantienen y el intento de compromiso que establecen.

Además, cuenta cómo el padre de Fermina, cuando se entera de los planes de la pareja, decide mandar a la joven al pueblo de sus primas para que se olvide de su amor.

Al enterarse de la vuelta de su amada, Florentino va a su encuentro, pero ella sólo ve a un muchacho triste y poco atractivo, finalizando así su relación.

Aunque Florentino no se rinde, ella continua su vida, se casa con Juvenal, vive un matrimonio de altibajos, pero logra enfrentar esos retos hasta que la ternura y el aprecio se imponen, aunque vive en un aura de infelicidad.

El libro cuenta las peripecias de cada uno por encontrar el amor y la persistencia por mantenerse fiel a sus convicciones, a sus creencias y, sobre todo, cómo logran conciliar ese pasado en un presente que se antoja muy endeble.

Los dos se mantienen en su postura, ya que el único enamorado es Florentino, mientras que Fermina se mantiene serena y distante, aunque la conclusión deja abierto el debate sobre la decisión de cada uno. A veces la vida es así, hay que dejar ir y confiar que el tiempo nos depara algo mejor.

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